
Pocas traiciones han dolido tanto, y generado tanto escozor, como el golpe que le asestó Alfredo Argüelles Basave a su amigo, su protector, casi su hermano político, Rodolfo Ocampo Velásquez.
Pocos podrían imaginar la escena de un sábado por la mañana, durante un desayuno, cuando Argüelles le daría la espalda a quien lo impulsó fervientemente en su carrera: la cara fría de Ocampo Velázquez, los argumentos huecos de Argüelles, las miradas de soslayo de Juan Carlos Márquez y Felipe Pulido, finalmente traiciones menores.
Alfredo Argüelles, hoy Secretario General del Congreso, estaba en el mismo Grupo Generacional que integraban los antes citados. Además, del coordinador de los diputados panistas, Jorge Salinas Osornio, y el dirigente estatal del partido, Eduardo Rosales Castellanos.
Salinas también buscaba la candidatura a la Alcaldía, pero está de más decir que Argüelles apoyaba a Ocampo Velázquez. Fue el excesivo pragmatismo y la búsqueda del poder por el poder mismo lo que llevó a Alfredo a traicionar a su amigo, y así se lo dijo esa mañana en el desayuno.
Argüelles se pronunció por apoyar a Jorge Salinas rumbo a la Alcaldía. Rodolfo era prácticamente el candidato, prácticamente el Alcalde, tenía todo para serlo, pero nunca esperó una traición.
El equipo, los amigos de Rodolfo y Alfredo todavía hoy se preguntan por qué o a cambio de qué…
“Me voy con Jorge Salinas porque nunca jugaría con el equipo de Emilio González”._
La frase se la atribuyen es del Secretario del Congreso. Se las hizo a varios compañeros que como él apoyaban al director del Siapa.
Varios compañeros le contestaron: “nosotros no jugaremos con Emilio, él y su equipo jugarán con nosotros”. Pero Alfredo Argüelles ya había tomado la decisión.
Pasados los días, esa traición sigue doliendo. Duele de veras. ¿Si se unieron en la Alianza Generacional, cómo es posible que Rosales y Salinas hayan operado contra Ocampo, seduciendo la avaricia de Alfredo?, se preguntan algunos panistas.
Los amigos del director del Siapa sostienen: “nosotros hicimos el compromiso de apoyar a Lalo rumbo a la dirigencia y vamos a cumplir. No podemos dejar antecedentes como Alfredo. Luego nadie nos tomaría en serio”.
Las hipótesis de la traición: que Jorge Salinas le dio mejores expectativas para que Argüelles logre la candidatura y posteriormente la diputación en el Distrito 12. Que Alfredo miraba que no lograría la Sindicatura, si Ocampo era Alcalde, pues ésta se tenía reservada para el diputado Gustavo González o para el dirigente tapatío, Manuel Romo.
Que Argüelles no quería aspirar sólo a una regiduría. Los mismos panistas se muestran desconcertados: “Alfredo era el relevo natural de Rodolfo para buscar la Alcaldía en cinco años más. ¿Ahora tendrá esa oportunidad con Salinas? ¿Pueden confiar Jorge y Lalo en él después de su traición?”.
De los diputados Juan Carlos Márquez y Felipe Pulido no se extrañan del todo: conocen sus ambiciones desmedidas por plazas y puestos públicos.
Ahora, reciben el llamado de los operadores del grupo del Gobernador Emilio González Márquez: “Ya olvídense de Lalo. Miren todo lo que hizo para joderse a Rodolfo. ¿Confían en él? ¿Ésas son sus alianzas?”.
Alfredo sostiene que él no jugaría nunca con el equipo del Gobernador: mira en él que Televisa haya llegado justo en el momento que Argüelles salía de un Table Dance; cree que ellos operaron una ofensiva en su contra cuando lo acusaron de querer extorsionar a propietarios de camiones urbanos a cambio de aprobarles una ley.
Ahora, ya no le creen nada. Ocampo Velázquez pelea junto a Antonio Gloria Morales el apoyo del Grupo del Gobernador rumbo a la Alcaldía y eso está por definirse.
Pero la historia ya lo registró, Rodolfo y Alfredo. La política los unió, la política los separó: todo por un golpe traidor…